
Charlatanes y clientes de la salud mental infantil: Entre el lucro y el sufrimiento
En Chile, la salud mental infantil ha dejado de ser un campo de cuidado y protección. Los procesos terapéuticos se han convertido en prácticas confesionarias donde la niñez traumatizada es objeto de una lucrativa cadena de montaje.
En Chile y especialmente en el ámbito privado, la salud mental infantil ha dejado de ser un campo de cuidado y protección para la niñez. En su lugar, los procesos terapéuticos se han convertido en prácticas confesionarias. Básicamente, asistimos a consultorios privados de salud mental en los que se depositan prácticas de negligencia y culpabilidad familiar. Bajo las normas del mercado, la niñez traumatizada se ha convertido en objeto de una lucrativa cadena de montaje. Nunca antes, habíamos tenido tantos especialistas en salud mental, y al mismo tiempo, enfrentamos una "terapeutización" absoluta de la infancia, en la que niños, niñas y adolescentes no son sujetos de derechos, sino objetos de intervención que empeoran día a día y que su tratamiento, oscila entre el rigor técnico y la charlatanería terapéutica (Marinoff, 2009; Roudinesco, 2005; Pixel 25 y Soto, 2025; Rauld, 2026).
Bajo el rótulo de la protección en la atención privada, distintos expertos parasitan el sufrimiento infantil y subvierten la ética profesional, al ignorar las condiciones históricas de desprotección, control y violencia que han marcado a la infancia, sean éstas con niños pobres o con niños de altos ingresos. En primer lugar, es imperativo cuestionar la proliferación de terapias no validadas por el Instituto de Salud Pública, además de su importante carencia de evidencia científica. Como advierte Marinoff, nuestro país se ha convertido en una sociedad donde abundan "terapias por todas partes, pero ni pensar en pensar" (Marinoff; 2009:39).
En el ámbito privado de la salud mental, pululan toda clase de "expertos" en trauma. Pero, basta echar un vistazo a sus espurias credenciales académicas con las que ofrecen soluciones mágicas para atender niños. Un ejemplo de ello, es la charlatanería de las Flores de Bach. Basta hacer una revisión sistemática de la literatura académica, para advertir que en el caso de las mágicas flores, la evidencia disponible indica que su impacto no supera la efectividad de un vaso de agua con azúcar. Vale decir, un discurso atractivo que no supera la prueba amable del placebo (Ernst, 2010; Roudinesco, 2005). Además de las dudosas universidades de las que egresaron muchos de estos especialistas, las intervenciones que despliegan son de carácter intuitivo y generalmente se presentan a las familias, bajo el discurso exitoso de una terapéutica nueva, respetuosa y consciente. En otras palabras, asistimos al desarrollo de toda una industria de pseudociencias, cuyo éxito reside en el bajo costo para el sistema social, además del alto lucro para el seguro de salud que sostiene al cliente. Toda esta charlatanería, oculta la extensa trama de traumatización psicológica de la niñez, al disfrazar la ausencia de legitimidad técnica, bajo una estética de bienestar emocional, al evitar que los profesionales que ejercen la clínica infanto-juvenil, la realicen a través de férreos y exigentes procesos de supervisión externa.
Ante la mercantilización de la salud mental infantil, se hace cada día más difícil encontrar terapeutas confiables a los que derivar a un niño o niña que sufre. Generalmente los padres y madres que intentan apoyar a sus hijos, lo realizan a través de la recomendación de familiares o amigos que, con su voto de confianza recomiendan a nuevos profesionales. En el contexto actual, tenemos toda clase de profesiones y terapeutas. Ante la angustia y frustración parental, nuestro sistema admite y tolera, a toda una clase de profesionales que ejercen su oficio sin supervisión externa alguna. He aquí, un aspecto crucial de negligencia e irresponsabilidad de los colegios profesionales. Ante todo, permítanme decirlo con total claridad ética: la alianza terapéutica debe ser y estar siempre con el niño que sufre y no el progenitor/a que paga el tratamiento. Esta posición ética, responde a dos situaciones graves en la clínica infantil: la primera, consiste en el riesgo de exclusión del otro progenitor/a, mientras que la segunda cuestión, consiste en que las negligencias de la crianza son toleradas, comprendidas y omitidas por el terapeuta que depende del pago del cliente. Esta segunda arista, profundiza el daño en el niño, niña o adolescente en atención. En los últimos años, hemos visto en distintos medios de comunicación, extensos procesos de desparentalización y desarraigo judicial, sin que las medidas cautelares de prohibición de acercamiento a niños, niñas y jóvenes de sus padres, madres o cuidadores, sean periciadas de acuerdo al estándar que ofrecen las ciencias sociales. Solo así, podrán evitarse publicaciones de falsas denuncias promulgadas por la debilidad y vicios del sistema de protección de la infancia en Chile (Rebolledo, 2025). Toda esta charlatanería confesional, se ejerce a contrapelo del deber de denuncia y protección con la infancia que obliga la Ley 21.430 sobre Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia (Congreso Nacional. Ley 21.430. Sobre Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia. 15 de marzo de 2022).
La práctica de clientelismo terapéutico transforma la consulta de salud mental infantil, en un dispositivo de dominación del adulto por sobre el niño. El profesional actúa, y opera a sus anchas con total secretismo. Al coludirse con un solo bando del conflicto parental, el terapeuta no solo revictimiza al niño, sino que puede utilizar el diagnóstico clínico como un arma, alimentando con ello, la medicalización del sufrimiento psíquico sin que exista necesidad terapéutica. Desde esta perspectiva, debemos denunciar el lucro sobre la aplicabilidad de instrumentos y la medicalización sin fundamentos. En la era de la "salud basada en la evidencia", se ha instalado una manía por objetivar la vida infantil a través de test gráficos, proyectivos y toda una batería de evaluación, que sirve para cobrar por la prestación y encajar la singularidad del niño en categorías estadísticas. Inclusive, mientras escribo esta columna, he detectado que la prueba estandarizada ADOS-2, que permite evaluar por medio de una escala la existencia de autismo, es aplicada en hasta en 4 sesiones en circunstancias que la validación internacional, establece con claridad un protocolo en 1 sesión.
Ahora bien, resulta curioso observar cómo es perfectamente funcional al desarrollo del capitalismo, el nexo entre el saber terapéutico y el poder judicial, sin que se preste adecuada atención a la formación y trayectoria académica y profesional de los charlatanes o de los verdaderos profesionales que atienden a la niñez. Permítanme ejemplificar al respecto el siguiente problema clínico: Si la calidad del terapeuta o charlatán es protagónica en un proceso judicial, el juez o magistrado a cargo de la causa vigente, decidirá soberanamente qué tipo de vida deberá ser vivida por el infante y qué régimen directo y regular deberá seguir de acuerdo a la legislación vigente, independientemente si la sentencia es justa o no. He aquí, que la causa judicial podrá estar fundada en derecho, pero no por ello estar basada en la justicia. Aquí, la justicia solo aspirará a ser un sentimiento ante la conflictiva de los padres, más no una experiencia de justicia para el niño. En virtud de que la salud mental infantil se ha privatizado, su funcionamiento es similar al de una iglesia para familias acomodadas.
Y en tal sentido, es urgente la existencia de una institucionalidad de supervisión de la privatización de terapias. La ausencia de una fiscalización ministerial real, permite que el terapeuta infantil tenga su propio feudo de clientes. Aquí, no existe el imperio de la ley: El niño puede ser forzado a una "confesión" sin prestar atención a la Ley 21.057 que regula las entrevistas grabadas en video y, otras medidas de resguardo a menores de edad y víctimas de delitos sexuales (Congreso Nacional. Ley 21.057. Regula Entrevistas Grabadas en Video Y, Otras Medidas de Resguardo a Menores de Edad, Víctimas de Delitos Sexuales. 20 de enero de 2018).
La charlatanería de los chamanes privados oscila entre prácticas de pretensión curativa, entre las que destacan, la "terapia bioenergética", la "sanación cuántica", la bioterapia, el biomagnetismo, la sanación pránica, la terapia floral, la masoterapia, la medicina antroposófica, entre otras (Pixel 25 y Soto; Ministerio de Salud, 2024). Según la Política de Medicina Complementaria y Prácticas de Bienestar de la Salud de la Subsecretaría de Salud Pública del Ministerio de Salud, existen terapias reguladas como la Acupuntura, Homeopatía y Naturopatía. Todo el resto, no presenta regulación científica según la propia política ministerial. El problema, no es tan solo que dichas terapias no presenten regulación legal y sanitaria, sino que no han logrado demostrar la efectividad y evidencia consistente que aspira una terapia basada en la evidencia. Dichas prácticas, además de no estar reguladas ni supervisadas como el resto de la salud pública, todas ellas se ejercen en el ámbito privado y aquí está el problema: Al igual que con las psicologías o terapias sin evidencia, como la Programación Neurolinguística, o la Bioneuroemoción, el problema con ellas no es tanto su ausencia de ensayos clínicos, sino que cualquiera de ellas, cuando se ejerce en lo privado, producen un malestar incalculable en la vida de la niñez del país. La mayoría de las expectativas terapéuticas depositadas por los consultantes en todas estas pseudociencias, se ejercen desde perspectivas conceptuales ortodoxamente adultocéntricas. Lo mismo podría decirse del psicoanálisis. Vale decir, un sistema terapéutico privado, costoso y reservado para aquellas familias que pueden pagarlo. Un dispositivo confesionario que, al no comprometerse con la salud pública tiende a funcionar bajo una red gregaria, elitaria y sectaria.
Chile requiere de la implementación obligatoria de centros de reflexión y supervisión crítica, que obligue especialmente a psiquiatras, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y a otros tecnócratas a interpelar críticamente su formación académica basada en ética, ciencia y en derechos sociales. En el caso de la infancia pobre, mi propuesta sostiene, que no podemos entender su salud mental, sin considerar la genealogía de la desprotección a la que ha estado expuesta (Rauld, 2020; Rauld 2022). La institucionalización no ha sido un error, sino una estrategia de gobierno para administrar una población consideradas deficitaria. Sin embargo, lo que hoy viven niños y niñas en la clínica privada y también estatal, es una experiencia de sufrimiento administrado por charlatanes que secuestran la vida infantil (Rauld, 2026). Durante décadas, las ciencias sociales se han dedicado a estudiar el abandono o a proponer instrumentos de medición, cuestión importante sin duda, pero limitada en la actualidad. Es tiempo de que las ciencias sociales, se comprometan con la infancia del país. No para mejorar sus confesionarios de salud mental, sino para comprometer que su acción social esté basada en derechos y en evidencia. La infancia de Chile requiere de profesionales dispuestos a defender la salud física, mental y bucal del país. No para generar dependencia ni clientelismo mental, sino para interrumpir el sufrimiento infantil, en detrimento de mantener una cartera de clientes.
Juan Carlos Rauld Farías. Doctorando en Trabajo Social, Universidad Rovira i Virgili, España.
Referencias
Congreso Nacional de Chile. (20 de enero de 2018). Ley no. 21.057. Regula Entrevistas Grabadas en Video Y, Otras Medidas de Resguardo a Menores de Edad, Víctimas de Delitos Sexuales. https://bcn.cl/2gdhl
Congreso Nacional de Chile. (15 de marzo de 2022). Ley no. 21.430. Sobre Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia. https://bcn.cl/2yieq
Ernst, E. (16 de agosto de 2010). Bach flower remedies: a systematic review of randomised clinical trials. Swiss Medical Weekly, 140(33-34), Artículo w13079.
Foucault, M. (2014). Historia de la sexualidad: Vol. 1. La voluntad de saber. Siglo XXI Editores.
Marinoff, L. (2009). Más Platón y menos Prozac. Editorial de Bolsillo.
Ministerio de Salud. (2024). Política nacional de medicinas complementarias y prácticas de bienestar de la salud. Gobierno de Chile. https://www.minsal.cl/wp-content/uploads/2024/10/2024.11.18_POLITICA-MEDICINA-COMPLEMENTARIA_final.pdf
Pixel 25 y Soto, F. (10 de enero de 2025). Nueva política del Minsal pretende normar al menos 25 terapias complementarias reconocidas por ese ministerio que no están reguladas. CIPER Chile. https://www.ciperchile.cl/2025/01/10/nueva-politica-del-minsal-pretende-normar-al-menos-25-terapias-complementarias-reconocidas-por-ese-ministerio-que-no-estan-reguladas/
Rauld, J. C. (2020). Desprotección, institucionalización y gobierno en la infancia del bajo pueblo chileno: Un análisis desde el pensamiento de Michel Foucault. Sociedad e Infancias, 4, 135-146. https://doi.org/10.5209/soci.68287
Rauld, J. C. (Ed.). (2022). Perspectivas críticas de la salud mental infantil: Trauma, institucionalización y suplicio. Editorial Hammurabi.
Rauld, J. C. (2026). Tecnócratas de la infancia: Desprotección y neoliberalismo en Chile. Editorial Hammurabi.
Rebolledo, J. (2025). Falsas denuncias: una investigación sobre padres acusados de abuso sexual. Planeta.
Roudinesco, E. (2005). El paciente, el terapeuta y el Estado. Siglo Veintiuno Editores.
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Escrito por Juan Carlos Rauld Farías
Director Editorial & Consultor en Ciencias Sociales
Atención clínica
Evaluación, intervención y acompañamiento especializado en salud mental e infancia.
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