Escuchar antes de corregir: el desafío pendiente con la infancia
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Infancia y Niñez

Escuchar antes de corregir: el desafío pendiente con la infancia

Camila Belmar
09 Jun 2026

La salud mental infantil continúa siendo minimizada por muchos adultos, pero comprender las emociones de niños y niñas también abre la puerta a construir entornos saludables y conscientes.

Hablar de salud mental infantil todavía genera incomodidad en muchos espacios. Aunque actualmente existen más campañas y conversaciones sobre bienestar emocional que años atrás, en la práctica las emociones de niños y niñas siguen siendo invalidadas o minimizadas. Muchas veces, aquello que un niño expresa desde la frustración, la ansiedad o el miedo termina siendo interpretado simplemente como una “pataleta”. Frases como “solo quiere llamar la atención” o “es mañoso” son frecuentes frente a conductas que podrían reflejar un malestar emocional profundo. El problema es que muchos adultos, observan la conducta infantil desde la incomodidad que les genera, en lugar de preguntarse qué emoción existe detrás de ella. La infancia no siempre tiene las herramientas para expresar lo que siente mediante palabras. Un niño difícilmente dirá que se siente sobrepasado emocionalmente o inseguro. En cambio, suele comunicarlo a través del llanto, irritabilidad, rabia o desregulación emocional. Sin embargo, esas señales muchas veces son corregidas antes de ser comprendidas.

Parte de esta realidad ocurre porque socialmente todavía existe la idea de que los niños “no tienen problemas reales”. Pero hoy muchos crecen en contextos marcados por estrés crónico y familiar, presión académica, hiperconectividad y falta de tiempo emocional dentro de las familias. La infancia actual vive estímulos y exigencias que incluso muchos adultos tienen dificultad para manejar. Más allá de la preocupación, también existen formas de avanzar hacia una infancia emocionalmente protegida. El primer paso es dejar de invalidar las emociones infantiles y comenzar a escucharlas con mayor atención. Muchas veces un niño no necesita una solución inmediata, sino sentirse comprendido y seguro para expresar lo que le ocurre. También resulta fundamental fortalecer la educación emocional tanto en familias como en colegios. Enseñar a identificar emociones, conversar sobre frustración, ansiedad o tristeza y generar espacios de escucha puede marcar una diferencia importante en el desarrollo emocional de niños y adolescentes.

La tecnología y las nuevas herramientas digitales también pueden transformarse en apoyo cuando son utilizadas de manera responsable. Plataformas educativas, orientación psicológica online y espacios digitales de acompañamiento pueden ayudar a detectar señales tempranas y fortalecer redes de apoyo entre familias, docentes y profesionales. Escuchar a la infancia requiere paciencia, empatía y disposición. Implica comprender que detrás de muchas conductas difíciles existen emociones que todavía no saben cómo manejar. Corregir es necesario, pero hacerlo desde la comprensión y no desde la invalidación puede cambiar profundamente la experiencia emocional de un niño. Porque quizás el verdadero desafío no sea eliminar las emociones incómodas de la infancia, sino aprender a acompañarlas comprensivamente.

Camila Belmar. Periodista, Universidad de Las Américas.

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Escrito por Camila Belmar

Analista y colaborador en Centro de Reflexiones Críticas.

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