
Una nota al Freudomarxismo: A propósito del (18-O) Psicoanálisis de un Malestar: La Dignidad del Sujeto
El libro explora el malestar del sujeto en la sociedad chilena y la política lacaniana más allá de la clínica.
(18-O) Psicoanálisis de un Malestar: La Dignidad del Sujeto del psiquiatra y psicoanalista Mario Uribe, publicado por DscnTxt Editores es de una notable actitud crítica. Es ante todo, un libro dedicado a la juventud rebelde que sufrió las consecuencias del estallido social y el entramado del malestar en Chile. Un malestar que aquí debemos subrayar con mayúscula. Qué duda cabe al respecto. Se debe reconocer que Uribe exhibe con una férrea indocilidad intelectual, un riguroso esfuerzo en el que despliegan centenares de tesis que disputarán la batalla hermenéutica en torno al estallido social chileno. No obstante, no cabe duda también en afirmar que el libro de Uribe es ambicioso y pretencioso, puesto que tiene múltiples propósitos: no solo pretende comprender, analizar y explicar el malestar del sujeto en la sociedad chilena, sino que además nos ofrece una exégesis del proceso destituyente y constituyente. Los méritos del autor consisten, no solo en el despliegue de una lectura psicoanalítica, sino que además en una crítica al capitalismo chileno.
Pese a que el autor posee inicialmente una formación en ciencias médicas y en psiquiatría, es elogiable el conocimiento que posee del psicoanálisis y de las humanidades. Un mérito de Uribe es la velocidad con la que su escritura se posicionó en el debate público. En esta perspectiva, el autor fue el primer psicoanalista en dar a conocer un extenso y nutrido ensayo sobre el malestar en la cultura, en el que con una afilada pluma analizó pormenorizadamente un problema filosófico de nuestra época, a saber, el capitalismo neoliberal. Como un buen clínico del sufrimiento del alma y del inconciente, el autor prestó extraordinaria atención a las múltiples metáforas y consignas políticas que surgieron en las luchas sociales del 18 de Octubre 2019.
Metáforas y consignas, tales como; “hasta que la dignidad se haga costumbre”, “no queremos volver a la normalidad, porque la normalidad era el problema”, “La dignidad cuesta un ojo de la cara”, “Estamos en guerra”, “No era depresión, era capitalismo”, “El Corona es el virus. El capitalismo la pandemia”, “No eran treinta pesos, ni treinta años, eran tres comunas”, entre muchas otras, expresan una aguda sintomatología asociada al malestar cultural del capitalismo descrito por Uribe. El libro destaca además, una selección de imágenes e ilustraciones muy bien escogidas por la edición, en las que se hace legible la estetización de la lucha, la resistencia, la desobediencia, la vanguardia y el maximalismo ideológico y cultural que anima la revuelta popular. Un ejemplo, es la ilustración del Perro Matapacos, símbolo de la lucha contra la policía chilena que mutiló los ojos de los manifestantes y que violó sus Derechos Humanos. Solo permítanme subrayar aquí la siguiente disquisición: la mutilación ocular es desde antaño conocida como castigo. No tan solo en la mitología griega, como es el célebre caso de Edipo Rey, sino que también dicha práctica forma parte de las técnicas de castigo del régimen de gobierno griego. Por ello, no es de extrañar que en la actualidad, la policía chilena o incluso la colombiana incurran en prácticas similares. El simbolismo de la aflicción no es azaroso, aquí existe planificación de los suplicios. En tal sentido, me parece relevante valorar la estetización de las imágenes a partir de su relación con la política de la memoria, puesto que las luchas populares siempre han sido aplacadas por la fuerza militar y policiaca que ha resguardado el interés de las élites. Este aspecto es importante para el psicoanálisis, pues de todas las psicologías, el psicoanálisis es el que tiene mayor legitimidad para comprender la psicotraumatología y las enfermedades del alma.
Es necesario subrayar además, una cuestión que vale la pena constatar. El libro de Uribe se inscribe en el Freudomarxismo, vale decir, en una tradición filosófica del Sujeto cuya filiación proviene de la célebre Escuela de Frankfurt. El texto destaca cómo el estallido social en Chile sigue una trayetoria que es hereredera de la Teoría Crítica. Vale decir, “De la Plaza de la Sorbonne a la Plaza de la Digidad”. En otras palabras, del mayo francés al octubre chileno. Si bien es este un bello reconocimiento simbólico que remite a una tradición continental de pensamiento, que identifica a maestros espectrales de la modernidad (Hegel, Marx, Freud, Lacan y otros fantasmas), también es nesario reconocer que dicha tradición es parte de una modernidad ilustrada. El texto de Uribe es heredero de dicha tradición, y por ello, el trabajo del autor no es en ningún caso, un libro de divulgación para el bajo pueblo, ni para un Sujeto popular e histórico. No hay aquí un material para la lucha en la ciudad ni para el Cité que interesa a su autor. Es más, precisamente el libro del psiquiatra es un trabajo sofisticado que exige una suerte de lector enciclopédico. Ello sin duda, es el resultado del lacanismo que recorre su obra. Una prueba de ello, es que el último capítulo del libro destina un apartado a la “Teoría de los Discursos y sus “Matemas”, es decir, un anexo que pretende esclarecer los conceptos lacanianos claves del psicoanalista francés. He aquí, el destino de un trabajo para un público intelectual e ilustrado.
Ahora bien, previamente he señalado que el libro de Uribe es pretencioso. Una de sus pretensiones es la crítica del capitalismo. Pienso que esta crítica no fue lo suficientemente esclarecida ni desarrollada en el texto. A pesar de que el autor, contribuye a exponer la precariedad intelectual de la derecha política y su ortodoxa neoliberal, al sindicar entre múltiples críticas, la culpabilización que dicho sector le otorgó al “extranjero” en tanto que ilegítimo otro, sin evidencias objetivas y de calidad, -léase aquí Foro de Sao Paulo, milicia cubana, venezolana o cualquier otro migrante terrorista subversivo-, el libro posee una valoración del psicoanálisis que no posee una correspondencia empírica en la sociedad chilena. Si bien Uribe entiende perfectamente que el psicoanálisis en Chile, no posee la misma legitimidad como el que se desarrolla en París o Buenos Aires, el autor le otorga a la disciplina en cuestión una valoración desmedida. El autor está interesado en dotar al psicoanálisis contemporáneo de una función ética y de una política lacaniana más allá de la clínica, por fuera de la relación terapéutica basada en el setting que todos conocemos. Parafraseando a Jacques Lacan, con el psicoanalisis “el hombre se despierta”. Por consiguiente, podríamos colegir tautológicamente que en la medida en que más personas se psicoanalicen, más despertares del sujeto se produciran.
Si bien Uribe reconoce que ni el psicoanálisis ni el psicoanalista en la sociedad chilena son los responsables de la actitud crítica en el estallido social, el psicoanálisis en rigor, no posee ni una funcion revolucionaria ni una función política por fuera de la clínica en el país. Desde luego, esto no es responsabilidad del psiquiatra, pero sí es una constatación de algo que el autor no explicita con suficiente claridad a lo largo del libro, fundamentalmente porque Uribe es ante todo un psicoanalista heredero fiel del freudomarxismo.
En efecto, no debemos olvidar dos aspectos fundamentales del psicoanálisis: el primero, consiste en constatar que el psicoanálisis no es revolucionario, -cuestión que sí cree el autor-, sino que el psicoanálisis de Freud, Lacan y de tantos otros es ante todo, una tecnología terapéutica que puede ser inscrita en las tecnologías que desarrolló la modernidad, y por consiguiente, el capitalismo. En mi opinión, el psiconálisis puede ser a lo sumo subversivo en el modo de producción de la verdad del sujeto, es decir, ante la afirmación y problematización de su propia soberanía. Desde esta perspectiva, el psicoanálisis de Uribe, es entre muchos psicoanálisis existentes, un antídoto contra el malestar, y por consiguiente, nuevamente también ante el capitalismo. Y como sabemos, un antídoto es un medicamento que contrarrestra la toxicidad que envenena un cuerpo. La farmacología en este sentido se vuelve terapéutica. La revolución en cambio, como sabemos, es un cambio violento y coercitivo de un modo de producción de la vida por otro régimen productivo. Son cosas diferentes. Sin embargo, el comentario que aquí describo, obedece a una segunda cuestión muchísimo más profunda y que el autor desde luego no enuncia, a saber, que el psicoanálisis es en rigor, un dispositivo en el sentido que lo describió Michel Foucault. Todo esto es parte de un conocido debate filosófico entre freudomarxistas y foucaulteanos. No obstante, existe una vasta evidencia histórica que ha demostrado cómo el psicoanálisis ha funcionado en la modernidad como un dispositivo de clase y de producción de la verdad para quienes pueden pagarlo. Pero subrayo: no se trata tan solo de una producción de la verdad del sujeto dominante que puede pagarlo, sino de entender que el psicoanálisis es una tecnología derivada de un dispositivo de confesión. En estas breves palabras, consistiría el elogio crítico del libro.

Escrito por Juan Carlos Rauld Farías
Director Editorial & Consultor en Ciencias Sociales