
Comentario al libro: “La infancia que nos robaron: La niñez en situación de calle”
A pesar de que la niñez en situación de calle en nuestro país es un fenómeno antiguo, los niños, niñas y adolescentes que viven en la calle actualmente pasan inadvertidos entre nosotros.
El presente texto fue presentado el 9 de octubre de 2024 en la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, con ocasión de la presentación del libro La infancia que nos robaron: La niñez en situación de calle, editado por la Asociación Chilena Pro Naciones Unidas el 2024. El lanzamiento del libro contó con la participación de la Diputada Ana María Gazmuri, la directora ejecutiva de la ACHNU Francis Valverde, Gabriel Guzmán de la Defensoría de la Niñez, Jennifer Alfaro del Estudio Jurídico Colombara y mi participación como director metropolitano del Proyecto Red Calle Niños de Santiago de Chile.
Ahora bien, como comentario permítanme decir lo siguiente: A pesar de que la niñez en situación de calle en nuestro país, es un fenómeno antiguo en la historiografía de la infancia pobre en Chile y en toda América Latina, los niños, niñas y adolescentes que viven en la calle actualmente pasan inadvertidos entre nosotros. Su ocultamiento e invisibilidad, se explica entre múltiples razones, por la masividad con la que la niñez ha sido objeto de intervenciones ambulatorias y de institucionalización. Así pues, la internación y confinamiento forzoso en dispositivos estatales de protección ha devenido política pública. La institucionalización de la niñez vulnerable, huacha, expósita o simplemente pobre, como estrategia de administración de la población es una prueba maciza de la eficacia del control estatal.
“La infancia que nos robaron: La niñez en situación de calle”, es un trabajo multidisciplinario en torno a la infancia desprotegida. Su pretensión consiste en pensar críticamente las formas actualizadas que adquiere la niñez pobre, desprotegida, institucionalizada, abandonada y traumatizada que es atendida por el Proyecto Red Calle Niños. En tal sentido, el libro es el resultado de diversas reflexiones y perspectivas con la que académicos y profesionales, destacaron propuestas terapéuticas, sociales y de política pública. Un agradecimiento de mi autoría, consiste en reconocer el espíritu crítico de muchos profesionales que durante su paso por el proyecto, se conmovieron y comprometieron críticamente con interés solidario con la niñez en situación de calle. Ello permitió que la ACHNU, interpusiera una medida cautelar en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado de Chile, con el propósito de hacer real la dignidad que a cientos de niños, niñas y adolescentes les fue arrebatada por nuestra sociedad. En especial, agradezco a la directora ejecutiva de la ACHNU, Francis Valverde, por el coraje de atreverse a politizar los derechos de la niñez pobre, y con ello, contribuir a hacer carne la justicia social.
En lo que concierne al libro, debo decir que su aparición, es una respuesta dolorosa a las múltiples problemáticas y retos que el Programa Red Calle Niños enfrentó decisivamente en su trabajo cotidiano con los niños, niñas y adolescentes a los que atendió. Los equipos multidisciplinarios no solo se han visto interpelados por las agudas problemáticas estructurales de la desprotección infantil, sino que también por los dilemas éticos y clínicos que subyacen a las consecuencias del fracaso estatal que representó la institucionalización para todos y todas las niñas que el SENAME y que posteriormente Mejor Niñez representó para cada uno de ellos y ellas. Me refiero en términos generales a un fracaso, puesto que todos y cada uno de los niños, niñas y adolescentes que participaron activamente de la implementación de este nuevo programa, lo hicieron con la esperanza de que su experiencia en el proyecto, estuviera lo más alejada posible de la experiencia estigmatizante, clasista y coercitiva que tenían como herencia del sistema proteccional.
Así pues, el lector encontrará en La infancia que nos robaron un trabajo valioso. Su valor no solo está dado por la diferencia y transdisciplinariedad de las formas de abordaje técnico, -cuestión que es valiosa por sí misma-, sino porque el libro emergió de un arduo proceso de incidencia en políticas públicas, en el que sus autores convergieron críticamente en la esencia del problema, a saber, la calle y el sufrimiento psíquico de niños, niñas y adolescentes.
El libro posee el mérito de erigirse por fuera del dispositivo intelectual universitario. Aun cuando solo una parte de sus autores pertenece a universidades, el resto de sus escritores, ha logrado producir conocimiento a partir de los contextos institucionales en los que se ha visto interpelado por la realidad social. En esto último consiste el valor del libro: Todos los autores, exponen con total reflexividad crítica sus prácticas y propuestas de intervención. He aquí, que iniciativas como las que aquí se suscriben, pueden ser un aporte no solamente a nivel clínico, sino que también pueden ser material de consulta para el diseño de políticas públicas.
En términos históricos de reconstrucción de la experiencia, cabría decir, que durante el gobierno del presidente Piñera, el Ministerio de Desarrollo Social diseñó e implementó el Proyecto Red Calle Niños. Un programa que desde su implementación mostró ventajas comparativas en términos de política pública con respecto al trabajo del Servicio de Protección Especializada. Su principal virtud es que dependía directamente de la Subsecretaría de Servicios Sociales y de la Subsecretaría de la Niñez. Al no depender burocrática, financiera y jurídicamente del Servicio de Protección Especializada, -también conocido como “Mejor Niñez” -, su quehacer nunca estuvo instrumentalizado por la racionalidad tutelar del dispositivo antes mencionado. A diferencia del Servicio de Protección Especializada, los adolescentes en situación de calle que han adherido al proyecto, lo han hecho por voluntad propia y no por órdenes judiciales. He aquí, una diferencia radical en la perspectiva conceptual con la que se gestiona la vida de la infancia pobre.
Bajo el gobierno de la presidencia de Gabriel Boric, la situación social de la infancia ha empeorado en todos los niveles, y prueba de ello, es que se han agudizado todos los indicadores de medición atribuibles a violencia en contra de la niñez, así como lo relativo a la pobreza. La comisión de homicidios y delitos sexuales, además de los datos de polivictimización en cuanto a la violencia física, violencia psicológica, el aumento de la percepción de violencia intrafamiliar registrada por las policías, entre otros, aumentaron significativamente. Durante el año 2024, también se registró un peak en los delitos de homicidios, amenazas y violencia en el espacio público. Diferentes formas de violencia como la que se produce en la pareja entre jóvenes, además de la violencia escolar, todas ellas registraron aumentos en sus niveles de maltrato. El número de delitos sexuales en contra de niñas, especialmente en aquellas mayores de 14 años también aumentó en el periodo post-pandémico, esto es, entre el 2022 y el 2024. Si en la etapa prepandemia entre el 2017 y el 2019, “el promedio era de 510 casos por cada 100.000 niñas al año. En el periodo pospandemia (2022–2024), la cifra sube a 685 por cada 100.000” (Observatorio Niñez Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC (2024). Agenda Violencia Contra la Niñez: Panorama de los últimos 10 años. © Observatorio Niñez, Fundación Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC 2025, 23).
El Primer Informe Nacional del Bienestar de la Niñez, publicado por el Observatorio Niñez, ofrece una radiografía del estado actual de la infancia en Chile, al revelar un deterioro significativo en sus condiciones de vida. El estudio evidencia que, de los 20 indicadores clave para medir el bienestar, 12 de ellos ha empeorado. En el área de la salud por ejemplo, se destaca el aumento de la malnutrición por exceso. Este indicador pasó de afectar al 20% de los niños en 2017 al 23% en 2024, con un impacto crítico en los niños de primero a quinto básico, donde la obesidad alcanza el 28%. El informe también alerta sobre el aumento de la prematurez y el bajo peso al nacer. En el ámbito social y emocional, se subraya una crisis de salud mental, con una mayor prevalencia de síntomas depresivos en estudiantes de colegios públicos y subvencionados en comparación con sus pares de colegios privados. Siempre debiera llamarnos la atención la desigualdad de clase. En otras palabras, las condiciones materiales han empeorado, con un aumento de la pobreza y el hacinamiento en los hogares de niños pequeños, lo que demuestra un escenario cada vez más adverso para su desarrollo integral (Observatorio Niñez (2024). Primer Informe Nacional del Bienestar de la Niñez © Observatorio Niñez, Fundación Colunga 2024).
En lo que concierne a la niñez en situación de calle, mi opinión es que ante todo, debemos advertir que este grupo específico de la población, es el resultado de un fracaso sistémico en lo referido a políticas de protección infantil y no de una mera elección personal de niños, niñas y adolescentes. Insistimos en esto, pese a lo adverso que se torna trabajar para erradicar a la niñez que habita en la calle. Aún cuando su determinación lo lleve a decidir con deliberación estar en ella, las condiciones sociales por las cuales, llegó a decidir habitar o pernoctar en ella, la decisión en sí misma, le fue sedimentada, coadyuvada y gestionada por las determinantes sociales de clase en las cuales, se produjo histórica y subjetivamente su decisión. Obligado a ser libre, libre en tanto que sujeto de exclusión.
La niñez en situación de calle, el sinhogarismo infantil, la exclusión residencial, que a menudo permanece oculta de la vida pública, se origina tempranamente en Chile, principalmente por problemas familiares. A esto se suma el abandono del sistema residencial de protección estatal, lo que representa una agudización extrema del problema, tanto por los efectos de institucionalización, como por los problemas relacionados con el consumo de drogas. Todos los niños y adolescentes, con una edad promedio de 15.6 años, han estado expuestos a la vida en la calle durante casi tres años en promedio, lo que evidentemente forma parte de una respuesta tardía e ineficaz por parte del Estado. Una vez en la calle, se han expuestos a graves peligros, al presentarse simultáneamente la deserción escolar, el abuso de todo tipo, el consumo de drogas, las conductas autolesivas y un alto riesgo de verse involucrados en actividades delictivas.
Este libro tiene entre otros méritos, el de enfatizar críticamente la infancia que ha escapado de los centros de protección del Estado (ex SENAME y Mejor Niñez). Esta última idea, no es una intuición teórica. Uno de los méritos del Programa Red Calle Niños que dirige la Asociación Chilena Pro Naciones Unidas, es el de haber acompañado terapéuticamente a adolescentes que nunca han tenido voz ni participación. En este sentido, la realidad de los niños, niñas y adolescentes en situación de calle en Chile no puede entenderse sin abordar la crisis del sistema de protección del Estado, históricamente representado por el Servicio Nacional de Menores (SENAME) y ahora por el nuevo servicio Mejor Niñez.
La infancia que nos robaron subraya que un alarmante porcentaje de los jóvenes en situación de calle proviene directamente de la deserción de los centros de protección del Estado. El sistema residencial, lejos de ser un refugio seguro, es un dispositivo del que los niños, niñas y adolescentes huyen. Las fugas masivas se deben entre otras razones, a que el sistema no ha logrado reconocer la voz ni la participación de sus usuarios, lo que perpetúa una lógica de mayor traumatización psicológica ante el desamparo institucional. Para muchos de estos jóvenes, la calle se percibe como un lugar predecible y menos violento que las residencias familiares que fueron diseñadas para protegerlos. Así, la situación de calle es la consecuencia directa de una incapacidad del Estado para proporcionar un entorno seguro, que escucha y respeta a los niñez, lo que convierte a la calle en un destino difícil de revertir.
Otro de los objetivos del libro, quizás uno de sus objetivos inevitables, consiste en politizar la situación la gestión estatal que dirige los programas estatales de la niñez en la calle. Durante la gestión pública del Frente Amplio en el Ministerio de Desarrollo Social, la Dirección de Presupuesto adoptó la decisión de poner término al financiamiento del programa a nivel nacional. Ello, no solo afectó el compromiso gubernamental con la niñez pobre que esgrimió el gobierno anterior con el lema neoliberal de los “niños primero”, al impedir la escalabilidad del principal proyecto de adolescentes en la calle a nivel nacional, sino que deliberadamente decidieron debilitar en su máxima expresión, la atención especializada de la infancia pobre en Chile. He aquí, que el problema no es tan solo una cuestión de racionalidad económica de gobierno.
Terminar con el financiamiento de la infancia en situación de calle, representa una regresividad total en la defensa de los derechos humanos de uno de los grupos más dañados en la sociedad contemporánea. La Dipres cuestiona que se realice un doble pago por la atención de los niños en la calle, al atribuir la responsabilidad legal de la atención al Servicio de Protección Especializada. Sin embargo, el carácter irracional de dicha decisión, contrasta con las extensas cifras de adolescentes que se escapan de las residencias familiares, para advertir que la infancia institucionalizada profundiza la vida de la niñez en la calle y los daños concomitantes que tiene la problemática, en ámbitos correlacionados como la traumatización, la explotación sexual comercial, los trastorno de adicción a sustancias tóxicas, así como mayor riesgo autolesivo y heteroagresión, aumento del compromiso delictual, etcétera, etcétera.
A nivel de políticas públicas en Chile, no existe un programa con mayor evidencia científica que el Programa Red Calle Niños. Potenciar o no un proyecto que gestiona la vida de la infancia pobre y sin familias, no solo es una cuestión de tecnócratas interesados en el costo y en el impacto que tienen las políticas públicas basadas en evidencias, sino que ante todo, políticas públicas de gestión de la vida infantil en la calle, es también una decisión política de gobierno de la vida en términos afirmativos.
Para terminar, permítanme en respuesta a los tecnócratas de la Dipres, afirmar la siguiente fórmula: En el sinhogarismo y con las infancias se debe politizar la pobreza y legitimar la evidencia. Dicho de otra manera, simplemente tenemos que plantearles las siguientes preguntas a los altos funcionarios de gobierno, -conozcan o no los tecnócratas de turno las categorías que empleamos, -, ¿Qué infancia es la que pretenden hacer vivir? ¿Les interesa llevar hacia la vida o gestionar un dejar morir? ¿cuánto cuesta para ellos abandonar a un niño en la calle?
Referencias bibliográficas:
Asociación Chilena Pro Naciones Unidas. (2024). La infancia que nos robaron: la niñez en situación de calle. Autoedición ACHNU.
Observatorio Niñez (2024). Primer Informe Nacional del Bienestar de la Niñez © Observatorio Niñez, Fundación Colunga 2024.
Observatorio Niñez Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC (2024). Agenda Violencia Contra la Niñez: Panorama de los últimos 10 años. © Observatorio Niñez, Fundación Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC 2025.

Escrito por Juan Carlos Rauld
Director Editorial & Consultor en Ciencias Sociales