
Más allá del bien y el mal: Los Therians
La reciente moda de los therians ha dado que hablar en las redes sociales. Seres humanos que se identifican con diversos animales, al punto de querer imitar su conducta y apariencia.
La reciente moda de los therians ha dado que hablar en las redes sociales. Seres humanos que se identifican con diversos animales, al punto de querer imitar su conducta y apariencia. ¿Y por qué tanto escándalo por ello? ¿Acaso no constituye parte de mi libertad de expresión poder manifestarme como lo desee siempre que no dañe a los demás? ¿No será que simplemente nos incomoda por ser algo fuera de la norma, por lo que debe ser suprimido para «mantener en paz» el orden social?
Más allá de las razones por las que se ha popularizado esta tendencia entre los jóvenes, permítanme realizar dos breves reflexiones sobre las consecuencias de orden filosófico de este movimiento.
En primer lugar, suponiendo que no sea un juego o broma, podemos ver un profundo deseo por escapar de lo humano. ¿Prefiero ser un perro, gato, jirafa, león o hipopótamo antes de aceptar lo que me ha dado mi naturaleza? ¿Qué tan mal está la vida en Occidente para rechazarla de este modo? ¿Y hasta qué punto puedo transformar mi identidad sin que se vuelva un acto esquizofrénico? La ausencia de valores sólidos, el fuerte individualismo, los intensos ritmos de trabajo y junto a ello la falta de ocio nos han alejado de una reflexión en torno a la finalidad de la vida humana, y ¿cómo voy a desear vivir como una persona si no sé para qué estoy viviendo? De este modo, estas conductas no sólo reflejan la decadencia de nuestra cultura, sino que su aceptación implica rechazar la propia naturaleza.
En segundo lugar, si llevamos esto a sus últimas consecuencias nace una ruptura con el orden moral, en cuanto que no es posible juzgar moralmente a un animal dado que ellos actúan por instinto. De aquí nacen dos posibilidades: O aceptamos a los Therians normalizando sus conductas y por lo tanto liberándolos de toda responsabilidad moral y social; o rechazamos la identidad con la que se autoperciben estableciendo límites a sus acciones.
Los actos que realizamos no son inocuos, sino que poseen una fuerte carga simbólica, la cual siempre afecta en menor o mayor medida al mundo en el que habitamos. Por eso es importante reflexionar seriamente sobre las nuevas tendencias.
En consecuencia, si bien puede parecer una situación divertida y anecdótica, nuestras conductas revelan la situación por la que atraviesa la sociedad. Asimismo, de aquí nacen múltiples desafíos que debemos enfrentar para poder desarrollar una sana convivencia dentro de nuestra sociedad.
Escrito por Maximiliano Yáñez Gutiérrez
Analista y colaborador en Centro de Reflexiones Críticas.