La niñez que no eligieron: El silencioso desafío de aceptar a las nuevas parejas de sus padres
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Infancia y Niñez

La niñez que no eligieron: El silencioso desafío de aceptar a las nuevas parejas de sus padres

Camila Belmar
22 Jun 2026

En Chile, las familias reconstituidas son cada vez más comunes. Mientras los adultos reconstruyen sus vidas afectivas, los niños y niñas enfrentan silenciosamente la transformación emocional para la que nadie los preparó.

En Chile, la familia está cambiando. Ya no responde únicamente a la imagen tradicional de madre, padre e hijos que comparten el mismo hogar. Separaciones, divorcios, nuevas convivencias y familias reconstituidas forman parte de una realidad cada vez más común. Sin embargo, mientras los adultos intentan reconstruir sus vidas afectivas, existe un actor cuya voz suele quedar relegada: los niños, niñas y adolescentes.

La llegada de una nueva pareja al entorno familiar representa mucho más que un cambio de rutina. Para muchos niños, significa enfrentar una transformación emocional para la que nadie los preparó. No eligieron la separación de sus padres y tampoco eligieron a quienes llegaron después. Las cifras muestran que este fenómeno afecta a un número creciente de familias. Según datos oficiales de la Subsecretaría de la Niñez, la familia nuclear biparental sigue siendo la estructura predominante entre los hogares con niños, niñas y adolescentes, con un 56,3%. Sin embargo, los hogares monoparentales ya representan un 20,7%, lo que evidencia la diversidad de configuraciones familiares presentes en el país (Biblioteca del Congreso Chile).

La transformación no es menor. Datos de la encuesta Casen revelaron que el porcentaje de niños que viven con un solo progenitor pasó de 8% en el año 2000 a más de 19% en menos de dos décadas, al reflejar con ello, una profunda reconfiguración de la vida familiar chilena. (BioBioChile).

Mientras tanto, el debate público suele concentrarse en las estadísticas de divorcio, natalidad o composición de los hogares, dejando fuera una pregunta fundamental: ¿Cómo viven los niños y niñas dichos cambios?

La sociedad suele asumir que la niñez se adapta rápidamente. Que el tiempo cure las heridas, o quizás, con una sencilla explicación, la infancia entenderá la situación. Pero la experiencia cotidiana demuestra algo distinto. Para muchos niños, la aparición de una nueva pareja representa la confirmación definitiva de que sus padres no volverán a estar juntos. Lo que para los adultos puede ser el inicio de una nueva etapa, para ellos puede significar el cierre de una esperanza. A menudo, el rechazo que manifiestan no nace de la mala voluntad ni de la inmadurez. Surge del miedo: Miedo a ser reemplazados, a perder atención, a modificar vínculos que consideraban seguros. Es una reacción emocional que encuentra pocas oportunidades para expresarse en un entorno, en el que los adultos también intentan adaptarse.

La paradoja es evidente: mientras Chile experimenta una de las transformaciones familiares más aceleradas de su historia, la conversación sobre el impacto emocional de la niñez sigue siendo limitada. El país vive una transición demográfica profunda, marcada por menos nacimientos, hogares más pequeños y nuevas formas de convivencia. Incluso la tasa de fecundidad alcanzó en el año 2025 el nivel más bajo registrado, con menos de un hijo por mujer, reflejando cambios culturales que van mucho más allá de la maternidad y la paternidad (Instituto Nacional de Estadísticas). En este contexto, las familias reconstituidas ya no son una excepción, sino parte de la normalidad social. Sin embargo, aceptar esta realidad no significa ignorar los desafíos que conlleva.

La pregunta crucial quizás no sea por qué algunos niños rechazan a las nuevas parejas de sus padres. La verdadera interrogante, es si los adultos están dispuestos a comprender lo que ese rechazo intenta expresar. Porque detrás de cada silencio, de cada mala cara o de cada conducta desafiante, puede existir una emoción legítima: la necesidad de sentirse escuchados en una historia que cambia sin que ellos tengan el control.

En una sociedad que valora cada vez más la autonomía de los adultos para rehacer sus vidas, tal vez el desafío pendiente sea recordar que los niños, niñas y adolescentes también viven las consecuencias de dichas decisiones. Y que, aunque no tengan la última palabra, merecen ser considerados parte de la conversación. Quizás el futuro de las familias reconstituidas, no dependa únicamente de la capacidad de los adultos para volver a enamorarse, sino también de su disposición para acompañar a quienes deben aprender a convivir con una realidad que nunca eligieron.

Camila Belmar. Periodista de la Universidad de Las Américas.

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Escrito por Camila Belmar

Analista y colaborador en Centro de Reflexiones Críticas.

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