
Salud mental infantil y política electoral
Chile no solo se ha convertido en una sociedad medicalizada, sino que también en una “terapeutizada”.
Chile no solo se ha convertido en una sociedad medicalizada, sino que también en una “terapeutizada”. Nunca antes el país tuvo tantos terapeutas profesionales, -así como otros charlatanes de dudosa procedencia- en circunstancias que la salud mental de la infancia pobre está cada día peor. Nunca antes en Chile habían habido tantas tecnologías terapéuticas, pero como señala Lou Marinoff, “terapias, terapias por todas partes, pero ni pensar en pensar” (Roudinesco 2005; Marinoff 2001).
Si prestamos atención al proceso electoral, veremos que ha aparecido en la escena pública, un creciente interés de las candidaturas presidenciales a hablar de protección, seguridad y niñez, más no de salud mental infantil. El nexo de infancia y política no es nuevo, sino que es el resultado de prácticas de racionalidad instrumental con diversas organizaciones de la sociedad civil en el contexto de un proceso electoral. El escenario mediático de comunicación política sobre la infancia se instaló en el programa “Vota Por La Niñez”, dirigido por TVN y la colaboración del Observatorio de Niñez Colunga.
La presente columna, busca contextualizar apenas un breve estado del arte de las problemáticas de la niñez pobre, en el marco de un proceso electoral con voto obligatorio, en el que de acuerdo a toda la evidencia, la situación social de la infancia ha empeorado en la mayoría de niveles de medición (Observatorio Niñez Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC (2024). Agenda Violencia Contra la Niñez: Panorama de los últimos 10 años. © Observatorio Niñez, Fundación Colunga & Centro Justicia y Sociedad UC 2025).
Deudas con la salud mental infantil en Chile
Cada 10 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Salud Mental, es decir, una fecha que busca generar conciencia, reducir el estigma y movilizar esfuerzos globales para mejorar el acceso a servicios de salud pública. En Chile, esta conmemoración contrasta con una realidad marcada por la reducción del gasto público, lo que se expresa en abandono institucional, especialmente en lo que respecta a la salud mental infantil de niños, niñas y adolescentes pobres.
Gasto público y listas de espera: una crisis estructural
El gasto público en salud mental en Chile alcanzó apenas el 1,7% del presupuesto total en salud en 2021, muy por debajo de la recomendación de la OMS (5–6%) y de países OCDE como Francia (15%) o Canadá (10,6%). Esta precariedad presupuestaria se traduce en una crisis de acceso: al tercer trimestre de 2024, más de 3 millones de personas estaban en listas de espera, incluídas 37 mil para consultas psiquiátricas. De ese total, casi 14 mil eran niños, niñas y adolescentes, es decir, personas en pleno proceso de desarrollo que ven postergada la posibilidad de recibir apoyo profesional oportuno. La cobertura del Estado sigue siendo insuficiente para la realidad del país.
Una infancia bajo estrés tóxico y presión emocional
Los indicadores son alarmantes. La sintomatología depresiva en adolescentes aumentó del 14% en 2017 al 23% en 2022 con mayor prevalencia en mujeres. En la zona norte de Santiago, más de la mitad de los estudiantes de enseñanza media presenta sintomatología de salud mental: 35,2% depresión, 25,9% ansiedad y 28,2% consumo problemático de sustancias (Observatorio Niñez (2024). Primer Informe Nacional del Bienestar de la Niñez ©Observatorio Niñez, Fundación Colunga 2024).
Las atenciones en salud mental en la red pública y asistencial se duplicaron entre 2014 y 2023, pero aún es insuficiente y desigual. Mientras Tarapacá alcanza 33,6% atenciones por cada mil niños, la Región Metropolitana apenas llega a 3 por mil. Estas cifras no son meros indicadores de gestión. Ante todo, es la expresión sintomática de problemas sociales objetivos y medibles. Lo antes descrito, no solo revela un país que descuida a su infancia y relega la salud mental a la espera de tratamiento o al mercado mediante consultas privadas, también expresa una enorme desigualdad territorial. Todo ello, en el contexto de altísimos costos de tratamiento para las familias de ingresos medios.
Políticas públicas: la omisión como forma de violencia
Las problemáticas de salud mental infantil no se resuelven con campañas comunicacionales ni slogans sobre bienestar emocional. Tampoco se resuelven exclusivamente con tratamientos farmacoterapéuticos, o con tratamientos médicos que en la mayoría de los casos, exhiben el éxito de un abordaje biocomunitario (Rauld, 2022). La niñez pobre requiere infraestructura, equipos estables y una política centrada en los derechos humanos de la niñez. Chile en cambio, ha optado por el recorte fiscal: el debilitamiento de la inversión pública en programas de niñez en situación de calle (asociado al aumento de niños deambulantes o con trayectorias vitales en la calle), el debilitamiento de residencias de protección infantil de organismos colaboradores del Servicio de Protección Especializada, la ausencia de hospitales de día infanto-juveniles, o el debilitamiento de la salud mental comunitaria son solo ejemplos pertinentes. Permítannos citar un caso: el COSAM de la comuna de Cerrillos. Aquí, el 40% del equipo de salud mental (incluida la unidad infanto juvenil) está amenazado de desvinculación. En esta situación, los profesionales fueron advertidos por la municipalidad que deberán ser desvinculados por falta de recursos públicos. A esto se suma, la ausencia de un hospital de día infanto- juvenil en la red del Servicio de Salud Metropolitano Central. Por lo anterior, vale preguntarse: ¿Cuántas familias, niñas, niños y adolescentes están siendo abandonados por el estado sin tratamiento?
La ausencia de hospitales de día infanto juvenil en la red pública de salud, es una realidad nacional que pide a gritos ser escuchada. Otro ejemplo relevante es el caso de los profesionales del Servicio de Salud Aconcagua, quienes se han manifestado para exigir a las autoridades sanitarias, no solo la creación de un hospital diurno de salud mental, sino una redistribución de los profesionales de salud mental infantil de la red. Al no existir un hospital diurno especializado en niñez y adolescencia, la salud primaria y secundaria ve recargada su labor, lo que afecta la calidad y oportunidad de atención a pacientes que ven cronificadas sus patologías.
Un llamado a la responsabilidad política y ética
El deterioro de la salud mental infantil no es producto de “individuos frágiles”, sino de decisiones políticas y gubernamentales: presupuestos insuficientes, agudización de enfermedades, falta de profesionales especializados, precarización laboral, desarticulación institucional y ausencia de prevención comunitaria, entre otras. Chile parece haber naturalizado el sufrimiento psíquico infantil, relegando a miles de niños y adolescentes a convivir con la falta de respuesta estructural que potencie sus proyectos vitales.
Invertir en salud mental infantil no es una cuestión de caridad: es una decisión política de inversión en cohesión social. A propósito de campañas electorales, presidenciales y legislativas, la falta de propuestas de salud mental y de protección y justicia juvenil en la agenda política es solo una forma de vinculación electoral. Las candidaturas solo han enfatizado el retorno de lo igual: Tanto por izquierdas como por derechas, no se aprecian proyectos de cuidado de la infancia pobre. En el contexto de una economía neoliberal y bajo el gobierno de Gabriel Boric, la salud mental infantil de la niñez pobre empeoró en la mayoría de los indicadores medibles de salud. Sin embargo, es necesario señalar que la experiencia política del discurso gerencial de “Los Niños Primero”, es solo una respuesta neoliberal en el contexto de un plan nacional de salud mental que no tiene dispositivos de prevención. En resumen, solo se advierten propuestas presidenciales que enfatizan la medicalización y psiquiatrización de los niños graves respecto de los que tienen riesgo de morir o matar a un tercero. Tampoco se advierten propuestas de prevención sanitaria con aumento del financiamiento y con evidencia científica robusta.
Si realmente queremos transformar esta crisis, debemos prestar atención a qué tipo de candidaturas presidenciales y legislativas reivindicamos a través del voto obligatorio. De lo contrario, tendremos que asumir que el destino inexorable de la infancia, solo se entiende cuando el Estado confina y administra la salud mental de niños, niñas y adolescentes en la medida que los controla, encierra y excluye a través de la judicialización y el confinamiento en instituciones en las que el daño emocional es parte de la experiencia vital en la que no existe el derecho a vivir en familia (Rauld, 2021).

Escrito por Rocío Solar y Juan Carlos Rauld
Co-fundadora & Terapeuta Ocupacional