Política y sociedad19 Oct 2026

El despertar en la sociedad neoliberal

A partir del estallido social chileno de 2019, Juan Carlos Rauld Farías reflexiona sobre el despertar colectivo, el malestar, la desigualdad y las formas de poder en la sociedad neoliberal.

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Manifestantes en una plaza de Chile sostienen carteles de cartón con ojos pintados

Juan Carlos Rauld Farías

19 Oct 2026

El 18 de octubre en Chile marcará un hito fundamental en la historia política de nuestra centuria. Su relevancia será entre múltiples aspectos, el nacimiento de un proyecto no solo constitucional sino que constituyente. En Chile por razones que no pretendo explicar detalladamente aquí, una parte significativa de la población se sublevó en contra del orden social establecido.

La sublevación no ha radicado tanto en un cambio radical en el tipo de capitalismo que experimentamos como sociedad, sino que en una confrontación con las relaciones de dominación que ha impuesto el neoliberalismo en nuestras vidas1. El lema “No son los $30, son 30 años”, que a la postre se mundializó ante el alza del transporte público es un ejemplo de ello.

La crisis actual no ha sido suficientemente reflexionada. Y en ella, me parece que la labor de los intelectuales es fundamental.

No tanto por la posibilidad de iluminar reflexivamente el acontecimiento histórico que atraviesa nuestra contingencia, sino porque el oficio del intelectual -siguiendo a Michel Foucault- es el de cuestionar las relaciones de poder que se encontraban normalizadas y naturalizadas en la sociedad, al destruir los efectos de verdad que se han producido en nuestro régimen de veridicción2.

Al respecto, pienso que un ejemplo que ilustra lo que digo, es el que el sociólogo Pierre Bourdieu destacó en la conmemoración de la muerte de Michel Foucault, al celebrar la independencia investigativa y el compromiso con la acción política con la que Foucault, subrayó que los “conceptos vienen de las luchas y deben retornar a las luchas”3.

Transcurridos más de cien días desde la aparición del lema “Chile despertó”, creo necesario pensar en los conceptos que han surgido en las luchas que ha librado la población, y por ende, atender las implicancias filosóficas de lo que significa despertar, ya que hacer aquello no es tan solo “interrumpir el sueño de quien se encuentra profundamente dormido”, sino que también es posible pensar en la acepción transitiva del verbo al “hacer que alguien reflexione o recapacite”4 sobre una o cual cosa.

En mi opinión, una parte importante de la población en Chile, no solo ha exigido lo evidente, a saber, cesar el abuso en el alza del transporte público, sino que ha despertado de los abusos provocados sobre su vida.

Me refiero a abuso y no a agresión, porque en mi análisis, me distancio de hipótesis conspirativas del poder en la que se asigne a la derecha chilena, una lectura conspirativa de la historia, en la que se agencien a determinados grupos sociales, el ejercicio deliberativo de los abusos. En cambio, hablo de abusos en la medida que ellos son expresión de una racionalidad del exceso.

En tal perspectiva, la sociedad chilena ha despertado de los excesos de poder provocados sobre la población y el individuo. Y es por ello, que en suma, el abuso es un problema biopolítico5.

Despertar de los abusos cometidos, nos permite reflexionar sobre las injusticias a las que el cuerpo ha sido sometido. En tal perspectiva, creo que es preferible escuchar los síntomas y el malestar corporal aun cuando el dolor desorganice el funcionamiento de las instituciones.

Así pues, convendrá descifrar qué es lo que el cuerpo dice, para no aplacar los antiguos problemas de la política con respuestas policiacas y represivas. En efecto, mientras escribo esta columna, la violencia gubernamental en contra de la población ha aumentado drásticamente por parte del Estado, reflejando una importante estadística de violación a los derechos humanos.

Lo interesante es que frente al control policiaco, ha ocurrido un hecho fundamental: estudiantes, trabajadores, profesionales o el lumpenproletariado, no solo han resistido a la monopólica violencia del gobierno, sino que han demostrado poner en juego su vida, con el único propósito de reivindicar su derecho a la manifestación.

Y en tales circunstancias, me parece que la política ha adquirido ribetes de belicosidad, en los que la resistencia al gobierno, se ha expresado a través de la exposición material del cuerpo, aún a costa de perder la vida.

Chile no solo experimenta un problema de justicia derivado de la férrea sociedad de clases, sino que atraviesa una crisis de gubernamentalidad neoliberal. Hago esta distinción, pues en la mayoría de los países del mundo existe producción capitalista, pero no en todas partes existe el mismo sistema económico.

La sublevación en contra del orden social no ha sido únicamente en contra del orden económico, sino que contra las formas hegemónicas de organización de nuestra vida.

El sabotaje estudiantil en contra de la evaluación de ingreso a la educación universitaria, la inclusión de las mujeres en el ámbito parlamentario, la legislación en torno al matrimonio gay, la demanda por un sistema de pensiones solidarias, la indignación y desprotección de las mujeres en torno al femicidio, la extrema desigualdad económica, etcétera, indican que el despertar tenía suficientes causas para provocar un estallido social.

Si se me permite realizar una aproximación en torno al problema del despertar, pienso en la siguiente metáfora clínica: el pueblo chileno desde la implementación violenta del régimen neoliberal y su destacada revolución capitalista, se mantuvo dormido por 30 años.

Durante este extenso proceso, también se expresaron,-podríamos decir-, estados patológicos del sueño, entre los que destaco, la parálisis del sueño. Parálisis como un estado en el que el sujeto contemporáneo, producto de la perplejidad que atraviesa su experiencia, se ha paralizado frente al mundo.

Desde luego, no se trata aquí de un anestesiamento social, aun cuando creo que algo de esto también ha ocurrido en Chile. Como señala el filósofo argentino Edgardo Castro, “los efectos paralizantes no adormecen; al contrario, son en realidad, consecuencias del despertar de una serie de problemas y cuestionamientos”6.

Hablo de parálisis del sueño como un trastorno en el que, el sujeto neoliberal ha debido vérselas consigo mismo ante su incapacidad de actuar. Y en dicha imposibilidad, ligado al espesor de la noche, ha imaginado prácticas de sobrevivencia y resistencia a los modos con los que ha construido materialmente su vida.

Y pese a que su angustia ha sido una posibilidad productiva para el despertar, ella no ha estado exenta de neurosis y desagrado.

La pregunta que me ha interesado es la siguiente: ¿qué ha significado despertar para el ciudadano o para la población? Es importante reflexionar en torno a esta cuestión, ya que el individuo que despertó, lo hizo en el contexto de una cultura política7 desarraigada de megarrelatos o sueños de transformación histórica.

Me parece que el despertar de la población se ha visto enfrentado por mucho tiempo, por un lado, a la “sociedad de la decepción” descrita por Gilles Lipovetsky8, y por otro, al surgimiento de un nuevo contrato social, en el que se alberguen nuevos sueños colectivos a través de la célebre asamblea constituyente.

Pese a que “el malestar” es conocido en Chile, quisiera detenerme a pensar por qué dicha tesis ha sido desatendida. A mi juicio, el desprecio por el malestar no se ha producido por falta de evidencia científica, pues hoy más que nunca disponemos de rigurosas investigaciones sociológicas y políticas, sino porque el malestar cultural es un problema que está estrictamente ligado a la desigualdad.

Si bien he apelado al vocativo Foucault en tanto ejemplo de autonomía e indocilidad intelectual, debo decir también que el concepto de desigualdad en los trabajos del filósofo francés es inexistente9. La desigualdad es importante pues además de ser un problema de clase, también es un problema biopolítico.

No solo porque el nexo de la vida y el capitalismo es evidente, sino porque, -siguiendo a Didier Fassin-, es posible hablar de una biodesigualdad.

La biopolítica no consiste únicamente en el ejercicio de la normalización del poder, a saber, el tipo de vida que pueden o no vivir las personas, sino que la biopolítica tiene consecuencias reales en términos de desigualdades, lo que implica que la gubernamentalidad exprese “disparidades en la cantidad y calidad de vida; y que la subjetivación sea vivida diferentemente por el dominante y el dominado”.10

A mi modo de ver, el discurso de la gubernamentalidad neoliberal ha estado centrado exclusivamente en “hacer vivir” al pobre. En hacer de él, un emprendedor que puede con la ayuda subsidiaria del Estado, -adquirir desde arriba-, el discurso de la clase dominante, convirtiéndolo en un empresario.

No en un empresario equivalente a la posición que posee la clase dominante, sino que un empresario de sí mismo. El poder soberano del mercado no solo ha “hecho vivir” al “sujeto pobre” por medio de tecnologías funcionales al capitalismo: ha desplegado en su contra, particularmente contra la infancia, un poder disciplinario que institucionaliza su vida.

Una prueba de ello, es la desprotección estatal representada en la institución tutelar del Servicio Nacional de Menores.

Para terminar permítanme decir lo siguiente: si el malestar es producido en la cultura, también su tratamiento puede ser elaborado en ella.

No tanto porque el malestar pueda ser tratado o aplacado, -como de hecho lo es-, por la psiquiatría, la psicología, el psicoanálisis o por cualquier otra tecnología terapéutica, sea esta científica o charlatana como ilustra Elizabeth Roudinesco11, sino porque el despertar se localiza exclusivamente en el cuerpo.

El neoliberalismo es un dispositivo en el que el empresario de sí, o el trabajador, en la medida en que afirmativamente producen su libertad, también ponen en obra un poder a través del cual refuerzan su sometimiento en el mercado12.

En este sentido, transcurridos más de cien días desde la sublevación en contra del poder, está por verse si el despertar en la sociedad neoliberal, se dirige a la fase del sueño REM, o de lo contrario, adquiere la lucidez de la vigilia, elaborando con ello, un nuevo contrato social.

Notas

1. Juan Carlos Rauld. https://www.lemondediplomatique.cl/una-opinion-en-contra-de-pena-el-filosofo-del-orden-por-juan-carlos-rauld.html

2. Michel Foucault. Sublevarse. Entrevista inédita con Farés Sassine, Catálogo Ediciones, Santiago, 2016: 94-96.

3. Juan Carlos Rauld. La desprotección de la infancia en Chile: una lectura desde la noción de biopolítica de Michel Foucault. Tesis para optar al grado de magister, Instituto de Filosofía, Universidad Diego Portales, 2019; 30.

4. Véase en la definición utilizada por la RAE https://dle.rae.es/despertar

5. Para más información, véase, Juan Carlos Rauld. La desprotección de la infancia en Chile: una lectura desde la noción de biopolítica de Michel Foucault. Tesis para optar al grado de magister, Instituto de Filosofía, Universidad Diego Portales, 2019; 22-50.

6. Edgardo Castro. “Anestesia y parálisis: sobre la analítica foucaultiana del poder” en Michel Foucault: el poder, una bestia magnífica. Sobre el poder, la prisión y la vida, (ed). Edgardo Castro, Ediciones Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2012, 18.

7. Alejandro Osorio Rauld. La cultura política de la élite empresarial chilena. Un análisis comparado de los dirigentes gremiales de la Sociedad Nacional de Agricultura y la Sociedad de Fomento Fabril (2018–2019). Memoria para optar al grado de doctor. Departamento de sociología, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid, 2019; 48.

8. Gilles Lipovetsky. La sociedad de la decepción. Entrevista con Bertrand Richard, Editorial Anagrama, 2008.

9. Didier Fassin. “Otra política de la vida es posible: crítica antropológica del biopoder” en Michel Foucault: neoliberalismo y biopolítica, (ed). Vanessa Lemm, Ediciones Universidad Diego Portales, 2010, Santiago de Chile; 21-49.

10. Didier Fassin en Juan Carlos Rauld. La desprotección de la infancia en Chile: una lectura desde la noción de biopolítica de Michel Foucault… p. 42

11. Élizabeth Roudinesco. El paciente, el terapeuta y el Estado, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2005.

12. Juan Carlos Rauld. https://www.lemondediplomatique.cl/una-opinion-en-contra-de-pena-el-filosofo-del-orden-por-juan-carlos-rauld.html

Columna publicada originalmente en Boletín Imaginación o Barbarie N°20 de la Red Iberoamericana de Investigación y Representaciones RIIR “América Latina en llamas: malestar social, movilizaciones, estallidos sociales” (2020), Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás de Colombia, pp. 103–109.

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Escrito por

Juan Carlos Rauld Farías

Director Editorial del CRC. Doctorando Internacional en Trabajo Social, Universidad Rovira i Virgili. Magíster en Pensamiento Contemporáneo en Filosofía Política. Trabajador Social, Universidad Tecnológica Metropolitana.

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